Muerte y resurrección de Anance
Relato clasificado como cuento, documentado en Tumaco, Nariño en 1955.
Metadatos del corpus.
Relato clasificado como cuento, documentado en Tumaco, Nariño en 1955.
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Texto de la pieza
Anancio era un hombre pobre y lleno de deudas. Desde que amanecía, hasta la hora de acostarse, los acreedores no salían de su rancho, cobrándole. Era una gurgunera (madriguera, reunión desordenada de personas) de gente que entraba y salía cobrando comida, ropa, medicina, arrendamiento de tierra, y mil cosas más.
Un día llamó a su mujer a que le ayudara a pensar cómo se libraba de tantos compromisos. Después de mucho rato convinieron en que, si se hacía el muerto, tal vez sus favorecedores le perdonaban las cuentas que lo aniquilaban. Con un lápiz y una cartera, se metió en un ataúd, y cerró los ojos.
Tendido en su cajón resistió las burlas de quienes fueron a visitarlo. Perro dijo:
-El año pasado le facilité una libra de arroz para regar en su tierrita. El producido se comprometió a partirlo conmigo, engañándome, naturalmente, porque la cosecha la tenía empeñada a Gorgojo...
-Ni muerto estará ese lambeladrillos (miserable pordiosero), agregó Sardina.
Con lo zorro que es el miserable, estará oyendo lo que decimos y viendo lo que hacemos. Con su muerte, mi familia gana mucho. Ya no echará más barbasco (machacada en los ríos y quebradas mata a los peces que encuentra a su paso) en la quebrada para acabar con mis hijitos...
-No lo critique por eso, tía Sardina, apuntó Conejo. La vida es lucha siempre. Si ha vivido como ratón de sacristía (pobremente), tenía que ingeniarse para dar vuelta a la cuchara...
-Cállese usted, don metido, agregó Tigre. A mí sí me perjudica esta muerte. En el mes pasado le fié dos camisas viejas para sus quicatos (niños, sobre todo con enfermedad y desnutrición) que estaban lámparos (desnudos, pobres) de ropa. La misma mujer caminaba ya con una mano atrás y otra adelante. Me prometió labrarme una canoa, hacerme un rancho para los marranos, cogerme el maicito que estaba jilotiando... (empezando a producir mazorca). Pero si se jodió, que se lo trague la tierra...
De esta manera los ricos le perdonaron las cuentas a Anancio, quien, después de estar varios días observado por el pueblo, acostado y rodeado de velas, se levantó al final y pudo comenzar una vida nueva con su mujer y con sus hijos.
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Fuente documentada
- Tipo
- Artículo de revista
- Autor
- Velásquez M., Rogerio
- Título
- Cuentos de la raza negra
- Año
- 1959
Control documental
- Metadatos
- Completo
- Revisión pendiente
- Fuente bibliográfica: sin coincidencia
Cómo citar esta ficha
Literatura Tradicional en Colombia. (2026). Muerte y resurrección de Anance (CLTC-0401-N). https://literaturatradicional.co/archivo/muerte-y-resurreccion-de-anance-cltc-0401-n