NarrativaCuento

María y Juan

Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.

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Transcripción del corpus

Texto de la pieza

Había dos familias en una ciurá, la una tenía un hijo llamarse Juan y la otra una hija llamarse María. Los dos muchachos tuvieron una hija, eran tan pobres que no tenían dónde vivir. Juan hizo una casita y ahí vivían, jue creciendo la niña, jue creciendo. Después salió María en embarazo y le dijo a Juan: yo este niño no lo voy a parir, porque nosotros estamos muy pobres y arrastrados. Dijo Juan: ¿qué hacemos? Una noche se acostó y vio un hombrecito que venía vestido de blanco, y le dice: Juan, levántate y te cambias a la ciurá del oro, porque cuando uno no puede vivir en una ciurá se va a otra parte a buscar la vida. Se levantó, cogió su mujé y la peladita, y partió, camina a la derecha, así que camina, camina, camina, camina, cuando topó una playa. Le dijo: pásese, que la playa está seca. Y pan se pasó al otro lado. Llegó a la ciurá del oro; había cinco reyes, lo que comían era carne, llegó a un ranchito y tocó. Una viejita le dio los buenos días. Buenos días. Buen príncipe: ¿qué busca? Ando buscando modo de trabajar porque tengo mi mujé y mi hija, y no tengo cómo mantenerlos. Dígale a su mujé que entre a la cocina y cocine esta librita de carne, este poquitico de arroz y hacen su comida, y después vienen que vamos a conversá. María cocinó, comieron. La vieja dijo: sobrino, adebajo de la casa están dos potrillos (canoas), cabos, atarrayas y va a pescar, porque aquí en esta ciurá todo lo que comen es carne, no saben qué cosa es pescado. Juan a la madrugada se levantó, cogió su potrillo, se jue y trajo dos potrillos llenos de pescados, empezaron a repartir. Cuando arrimó a la orilla, no cabía más gente comprando, por aquí por más acá vendió su pescado. Cuando los reyes mataron el ganado no lo vendieron, y se preguntaban: ¿qué es lo que ha pasado en la ciurá del oro, que la gente no come más la carne? ¿Con qué se alimentan? Fue una empleada de ellos, compró pescado, y les dijo cómo lo había conseguido con un señor. Por eso la gente no compraba la carne, hablaron los reyes entre ellos y le dijieron al pescador que se presentara al otro día. Un soldado le comentó: no tenga miedo, y si el rey le dice que le consiga pescado para todo el resto de su vida y que el pueblo no deje de comer pescado un día porque el día que falle se muere, acéptele, dígale que sí. Se jue Juan, aceptó la palabra que le dijo el rey, y jue todos los días, todo los días, todo los días, hasta que un buen día se embarcó Juan al mar, a como echó el cabo al agua lo sacó y llora, llora, llora, porque si no cogía el pescado, el rey lo mataba. Y en eso salió un lagarto del plan del mar. Le pregunta: ¿Juan, qué te pasa? Hice un compromiso con el rey y yo no he agarrado nada. Uuuuuh, dice el lagarto, hoy están todos los pescados en el fondo del mar porque las sirenas están en fiesta, pero sin embargo, Juan te voy a dar pescado, pero cuando llegués a tu casa me traés la primera persona que llegue a la orilla. Sí, contestó Juan. Pero el pescado que vendés hoy lo destripás porque tiene perlas y diamantes. Ahí mismo se llenaron sus dos potrillos de pescado. Cuando llegó, empezó a desbuchar el pescado, desbuchar, y a sacar y echó esos buches adentro de unos talegos y la gente, vau, vau, vau, vau. Cuando llegaba, la perrita era la primera en ir a la orilla, pero la primera jue la hija, y se botó la mano a la cabeza. Dijo la niña: papá, no llore, que yo sé el compromiso que hizo. Al otro día, de madrugada se levantó la muchacha, cocinó. Juan no comió se jue así pa’ l mar, se despidió de la mamá, y cuando iban a medio camino ahí mismo el lagarto se la llevó y papá… Aaaay. Jue a salir la niña a un palacio debajo del agua. Siguió Juan pescando, hasta que la gente en la ciurá del oro se aburrió de comer pescado. Un buen día le dice la niña al príncipe lagarto: yo quiero dir donde mi abuela. Váyase, pero no se demore, y si su abuela le da un cabito de esperma y una caja de fósforos no los agarre. Se jue la muchacha, tocó en la puerta. Suba buena ñeta, súbase no más, véngase. Abuela, tengo que golpiar porque no sé si usted está dormida o cómo esté. Entre no más mija. María, ¿vos con quién dormís en esa casa? Yo vivo sola. No me mintás que vos vivís con un príncipe. Yo duermo sola en mi cama. No digás, vos dormís con un príncipe, llevate este cabito y esta caja de fósforos; cuando te acostés y te dispertés cogé y rallá el fósforo y prendé el cabito de esperma y alumbrá y verás que hay un príncipe acostado junto con vos. No abuela, no lo voy a llevá. Llevalo María. No abuela, no lo voy a llevá. Llevalo María. No abuela no lo voy a llevá. Llevalo. No abuela; abuela me voy. A lo que la muchacha dio la vuelta llegó la vieja y se la metió al seno. Se jue la muchacha, llegó y topó su mesa servida, ella siempre topaba la mesa servida pero no sabía quién, ahí mismo pa, pa, pa comió. En la noche, se puso su bata de dormir, va topando el cabo de esperma y la caja de fósforos. Ahí piensa, mi abuela me los echó y yo no los quería traé. Eso le confundió el entendimiento y cuando fue el punto de media noche se levantó; se acordó de lo que la abuela le había dicho, cogió la cajita de fósforos, el cabo de esperma y ra lo prendió. Cuando ella vio ese encanto se quedó encantada con el tipo y le cayó un chorriado de esperma. ¡Ay María! Andate a lo profundo y yo me voy lejos, la culpa no es tuya sino de tu abuela. Aparece san Bejuquín (san Joaquín): si salvo al príncipe lagarto, se pierde María, y si salvo a María se pierde el príncipe lagarto, primero sacó a María y después sacó al príncipe lagarto. Mandó a María a una escuela y la muchacha se puso enseñe y enseñe. Cuando el hijo del rey dijo: papá, ¡este maestro no es hombre, es una mujé! No mijo, es hombre. No, es mujé. Y dicen los alumnos: aquí lo que tenemos que hacer para ver si es mujé o hombre, es ir a una playa con el maestro pa’ ver cuál orina más largo. San Bejuquín le dijo a la maestra: vaya. Y la arregló bien arreglada como un hombre. Se jueron ahí mismo a orinar. El del profesor salió más largo el chorro y están viendo que es maestro. San Bejuquín había dicho al príncipe lagarto que al otro día tenía que llegar de allá del plan del mar y llegó a la casa de María con Juan, y ahora sí a contraer matrimonio y les dijo san Bejuquín: por aquí por donde yo me voy se van ustedes y vivan felices, Dios los guarda y los cuida. Acabando, acabando, se acabó mi cuento, sea mentira o sea verdad, el que lo sepa que lo vuelva a echar.

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Fuente documentada

Tipo
Libro
Autor
Revelo Hurtado, Baudilio
Título
Cuentos para dormir a Isabela. Tradición oral afropacífica colombiana
Año
2010

Control documental

Metadatos
Completo
Revisión pendiente
Fuente bibliográfica: sin coincidencia

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). María y Juan (CLTC-0549-N). https://literaturatradicional.co/archivo/maria-y-juan-cltc-0549-n