NarrativaCuento

Los tres hermanos y la mágica

Relato clasificado como cuento, documentado en Antioquia en 1985.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como cuento, documentado en Antioquia en 1985.

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Transcripción del corpus

Texto de la pieza

No recuerdo bien en qué pueblo d’estos de por aquí era qui habían una mágica muy linda, muy linda. Y tenía tres pretendientes. Tres hermanos. Pero ella se las arreglaba pa que ninguno supiera que tenía amores con los otros dos. Cada uno creía qu’era él solo. Ella los recibía en distintos días y muy de tarde en tarde a cada uno. Al menor de los hermanos, que le había rogao mucho una tarde pa que se casara con él, le dijo ella, un domingo: —Bueno. Yo sí me caso con usté, pero con una condición: que venga dentro de veinte días a pasar una noche conmigo. El muchacho, claro, acetó con mucho gusto y dijo que pasara lo que pasara, él vendría a cumplir la cita. Al segundo hermano, que también le rogaba que se casara con él, le dijo que viniera dentro de quince días, a pasar la noche. Y al tercero, el mayor, le dijo que dentro de diez. Y así fue que se llegó el día de la cita del hermano mayor. Este si arregló lo más bien arreglao que pudo y salió pa onde la mágica muy contento, que no aguantaba la dicha. Llegó y encuentra esa belleza de mujer, más linda que nunca, esperándolo en camisa de dormir. Cuando ya se fueron a acostar, dice la mágica: —Andá primero y cerrá la puerta de la cocina que se quedó abierta, no vay s’entre alguno por el solar. Llegó el muchacho a cerrar la puerta y la empujó. Y, sin sabese por qué, la misma puerta le dio al muchacho en las espaldas. —¿Eh? ¡Esto sí qu’está bien raro! Volvió a empujar la puerta y la puerta volvió a dale. Y en esas se fue quedando: cerraba la puerta pasito y la puerta le daba pasito; la tiraba duro y ella le daba duro. En el juego ese bregando a cerrar la puerta, lo cogió la madrugada. Así que vido que ya salía el sol, resolvió dejar la puerta abierta y correr onde la mágica. Pero halló la puerta cerrada y la mujer dormida sin ganas de dispertar ni de levantase a abrir. *** Se llegó el día de la cita del segundo hermano y ocurrieron las cosas mesmamente como con el mayor. La mañana lo cogió bregando a cerrar la puerta. A l’último llegó el día de la cita del menor d’ellos. El muchacho si arregló bien, bien afeitao y pien perjumao y él, que no era feo del todo, iba de lo más galano. También lo mandó la mujer a cerrar la puerta y le pasó la misma: así que la iba a cerrar, la puerta lo golpiaba por detrás. El muchacho también dijo a porfiar por cerrala y cuando acató, ya era de día y la mujer no li abrió. Los tres hermanos quedaron muy corridos con semejante chasco. Es que también a cualquiera se la pongo: ir uno seguro de su dicha, onde semejante belleza de mujer, uno bien enamorao: tragao, tragao. ¡Y amanecer golpiando una puerta!... Pero, en fin. Lo qu’es constancia sí tenían los bobos esos... ¿o no? De modo que a poquito volvieron a pretender a la muchacha y a seguile rogando cada uno por su lao, que se casara, que se casara... Hasta qui un día le dijo ella al mayor: —Bueno: yo sí me caso pero con una condición: que si ha de ir a las nueve de la noche a la puerta de la iglesia y me ha d’esperar allá, metido en un ataúl, tapao y vestido’e muerto. Y m’espera hasta por la mañana. —Nu hay inconveniente. Esta noche voy... Llamó la mágica al segundo hermano y le dijo: —He resuelto casame con usté, pero si primero me demuestra su amor yendo esta noche a la puerta de l’iglesia, a las diez de la noche. Allá va a incontrar un muerto entro su ataú; siéntese al pie de la caja y m’espera. Eso es todo... — ¡Pilao! Yo sí voy... Más tardecito la mujer le dijo al otro hermano, después di hacelo venir. Porque... ella los hacía venir: ¿no ven qu’era mágica? —Vengo a decile que sí me caso con usté, pero aún qui usté mi haga un favor que yo le voy a pedir. — ¡Lo que sea! —dijo el hombre —No… ¡Si es muy fácil! No es sino qui usté se disfrace de diablo. —¿Cuándo? —Esta noche. —Yo no tengo disfraz d’eso. —No se preocupe que yo aquí tengo un disfraz muy bueno y yo misma lo arreglo... —Ah... —...y se va pa la iglesia; dentra por la puerta di atrás... con harta mañita... y apenas qu’esté en la iglesia comienza a gritar y a tumbar santos y a hacer harto escándalo... aviente candeleros... volque las bancas... ¿aoye? — ¡Yo sí... lo qui usté pida! —Y m’espera en la puerta de la iglesia, pa que nos casemos. — ¡Bueno! A todas estas ya el primer hermano si había acomodao en el ataúl y se había tapao. Ya había llegao el segundo y estaba sentao al pie. Cuando, hermano, ¡entra ese patojo dando qué alaridos en es’iglesia vacía y tumbando los floreros de lata del altar y aventando santos a los infiernos, mientras volaba esa cola p’allí y p’acá! Con esa escandalera tan horrible, el hermano qu’estaba en la puerta, parao, apenas temblaba y sudaba frío, pensando qué sería aquello tan horrible, y sin atrévese a mover. Cuando, de golpe, en el oscuro, devisa al diablo que salía de l’iglesia, y pega ¡qué berrido!.. —“¡El diablo!!!” Y ai mismo el del cajón si alevantó: —¿A velo? —Y así que el diablo vio qu’el muerto si alevanta, se orinó en los calzones y gritó: —¡Un dijunto!! Y salieron todos a cuantas tenían huyendo de güida, pidiendo socorro, con los ojos volaos de la cara. Los tres s’incontraron en la casa de la mágica, que los esperaba muert’a risa...

El texto se publica con la autorización documentada por el proyecto o a partir de una fuente de dominio público, según corresponda. La referencia de procedencia se conserva en esta misma ficha.

Fuente documentada

Tipo
Libro
Autor
Velásquez, Rogelio
Título
Cuento popular andino. Colombia
Año
1985

Control documental

Metadatos
Completo
Revisión pendiente
Falta localización; Fuente bibliográfica: sin coincidencia

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). Los tres hermanos y la mágica (CLTC-0610-N). https://literaturatradicional.co/archivo/los-tres-hermanos-y-la-magica-cltc-0610-n