Los cuatro hermanitos
Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.
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Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.
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Texto de la pieza
Había un hombre casao con la mujé, tuvieron cuatro hijos varones. Fueron creciendo, fueron creciendo. El papá tenía una escopeta de pistol y mantenía a sus hijos, los estaba criando en esa montaña. Se iba por la mañana, y salía por ahí a las cinco o cuatro de la tarde; regresaba con perdiz, o venao, o tatabro, pero ya los hijos estaban criados. El viejo, de tanto vivir en las montañas, en su cacería, tenía visto en el pie de un cerro un árbol bien frondoso que en el cogollo había echada una perdiz con doce huevos, no la había matado porque estaba esperando que reventaran.
Un buen día, le dijo el hijo mayor: papá, ya vusté nos crió pasando miles de amarguras, también tenemos que ser correspondidos; yo voy a salí a caminá, habei si encuentro una profesión para aprenderla, para el día del mañana servirle, a como usté ha sido cumplidor de sus actos con nosotros, así es que, me arrodillo para que me eche la bendición. Papá: bueno mijo, la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dijo el otro, contramayor (segundo hijo): papá, yo haceré lo mismo, yo sigo a mi hermano para aprender una profesión en el mundo, para mantenerlos a usteres. Se arrodilló. La bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; Dios me los lleve con bien. Dijo el otro lo mismo: papá, yo sigo la huella entre hermanos, los acompaño. Arrodíllese ahí, mijo, la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dijo el último: papá, yo me voy también atrás de mis hermanos. Bueno mijo, arrodíllese ahí, la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor y María Santísima me los lleven y me los traigan, amén. Papá, hasta luego mamita. Hasta luego mis hijos.
Fueron caminando, andando y entre más caminaban más andaban, les parecía que no andaban y andando mesmo iban. Llegaron a un camino que tenía cuatro bocas: uno pa’ llá, otro pa’ cá, seguían caminos, pa’ llá otro. Dijo el hermano mayor: bueno, yo sigo este camino. Dijo el otro: yo sigo este camino. Dijo el otro hermano: yo sigo este camino de acá. Dijo el último: yo sigo ete camino. Dijo el hermano mayor: estamos en el año tal; cumpliéndose en la profesión que vamos a aprendé, cuando se diga a las doce del día del año siguiente, tenemos que está aquí, en este camino, los cuatro hermanos, a presentá lo que habimos aprendío, porque nosotros tenemos que aprendé en condiciones de sacá a nuestros padres del monte a la ciurá. Adiós hermanitos. Adiós hermanito. Se fueron cada uno solito por su camino; se han ido, caminar, andando, y entre más caminaba más andaba; le parecía que no andaba y andando mesmo iba.
El hijo mayor salió a una sastrería, eso le gustó, aprendió a sastre. El contramayor salió a una casa de unos que saben ve, que ven de lejos todo el movimiento del mundo entero, ellos se daban de cuenta, este aprendió a ve. El otro salió a casa de unos tiradores, tiraban al aire y en el aire pegaban la bala donde apuntaban, ese aprendió a tirá. El último, aprendió a robá, cayó entre unos ladrones, le gustó el vicio de robá, ese fue un gran ladrón por excelencia, gente que roba de día manque lo estén viendo, sin conmoverse de la persona de ahí.
Al año, a las doce del día, salió el mayor, en el camino de cuatro bocas, y ahí mismo salieron los otros tres hermanos. Dijo el hermano mayor: buenas hermanitos, tenemos que presentarnos aquí, entre nosotros, la profesión que habimos aprendido. Empieza mayor. Usté, ¿cuál fue la profesión que aprendió? Yo soy sastre, dijo, creo en Dios Padre, todopoderoso. ¿Cuál es la máquina que vos llevás? ¿Y en ese monte vas a estar cosiendo? ¿De qué forma vas a sacá a mi papá para la ciurá a viví? A yo me gustó fue la sastrería, porque algo tiene de principio. ¿Y vos? Yo sé ve, Avemaría Santísima. Y vos, ¡qué va a etá viendo en ese monte! ¿A quién ve? Pue, me gustó, mi hermanito, me gustó aprender esa profesión. ¿Y usté, hermanito? Jum, yo sé tirá, aquí llevo mi escopeta, ¿no la ves pue? Así que usté va a estar es tirando, como dice mi papá, con esa escopetica. Me gustó, aprendí, y con esta profesión muero. ¡Ta bien! ¿Y usté hermano? Yo soy ladrón. Avemaría Santísima. ¿Y nosotros vamos a sacá a mi papá del monte con mi mamá, con estas profesiones? Pues sí, yo sí soy ladrón. Ta bien, sigamos, dijo el hermano mayor. Vamos a presentá nuestra profesión ante mi papá y mi mamá.
Han llegado ende el papá, alabao el nombre de Dios. Les dijo: a ver mis hijos. ¡Necesito que me presienten la profesión que han aprendío! Bueno papá, yo soy sastre. ¿Usté es sastre, mijo? Sí, papá, me gutó la sastrería. Pues bien. Y, ¿usté mi otro hijo? Papacito, yo sé ve a lo desgualetao (demasiado), veo desde la distancia hasta donde se remata el mundo. Está bien mijo. Y, ¿usté el de allá? Papacito, yo soy tiraó, aquí vengo con mi escopeta. Pue bien, está bien. Y, ¿usté mijo? Yo soy ladrón de profesión, y aún más de profesión. ¿Así es que usté es ladrón, mijo? Sí papá, me gustó esa profesión. Está bien, bien.
Venga acá el que sabe ve, venga con su padre. Aquí estoy papacito, ¿qué desea? Véame allá, esa nube negra ¿Está viendo allá mijo? Esa no es nube, es un cerro. Y yo quiero que me vea, ¿qué hay en el pie del cerro de esa montaña? Papá en el pie del cerro hay un árbol bajito, frondoso, de hojas y ramas, y en el cogollo del árbol hay una perdiz, echada con doce huevos. Y el viejo la tenía vista. Venga acá el tiraó, usté como sabe ve, quédese viendo a ver si la perdiz pega el vuelo, y usté como tiraó, tírele a la perdiz de aquí de mi casa a allá, que entre la bala dentro del nido, y perfore los doce huevos, y usté como sabe ve, se da de cuenta de acá si la perdiz se alevanta, y no siente, y continúa ahí, echada.
El tiradó acomodó su escopeta, bien acomodada, y se cuadró en postura de tirá; y el veedó, viendo, llegó y pandam, hizo el tiro. Se fue esa bala y después que entró al nido perforó los doce huevos, y la perdiz continuó ahí echada; no se dio cuenta que había entronamiento (entrado) en su nido, y el que ve, está viendo. Papacito, ha entrado la bala y ha perforado los doce huevos, y la perdiz continúa ahí echada. Está bien sigamos. Venga, usté el ladrón, quiero que vaya y me baje los doce huevos y la perdiz continúe ahí echada.
Se fue el ladrón por ahí, se subió al palo; el veedó está viendo. Papá, subió el ladrón, se está bajando los doce huevos; la perdiz no se da de cuenta, está echada. Sacó los doce huevos, viene bajando del árbol, y la perdiz continúa ahí, echada, se vino mi hermanito. Llegó. Papá, aquí están los doce huevos perforados. Venga el sastre, remiéndeme esos doce huevos. Vino el sastre, como esa era su profesión que había estudiao y lo remendó bonitamente. Después dijo: papacito, ya está. No se vía si había pasado aguja ni nada por ahí.
Venga acá el ladrón, vaya déjeme los doce huevos. Se fue el ladrón, corriendo en punta, para no tropezar la tierra; se había pasado de la órbita de aprendé, era: ma, jum, jum, a yo me gusta mi trabajo. Se fue el ladrón. El veedó quedó viendo: va subiendo el árbol mi hermanito, dentró, está metiendo los huevos, los metió, ya se bajó feliz. Ahora sí, estuvieron allí, ya están aprobados los cuatro hijos del viejo; los examinó con esas profesiones que habían aprendido.
Un día tranquilo y sereno, pensando la vida, no el día de hoy sino el de mañana, dijo el hermano mayor: hermanos, habimos aprendido nuestra profesión, y todavía no se ha llegado el momento de darle uso. ¿Por qué no vamos a cová una pángula (lombriz), pa’ que armemos un cabo (hilo de pescador con varios anzuelos), a ver si mañana nos amanece unos buenos pescaos para que ayudemos a nuestro papá? Así es, dijo uno; así es, dijo el otro; así es, dijo el otro. Vamos a robá la pángula. Pue robando la pángula estaban cuando llega una viejecilla, y se les presenta: buenos días, ¿cómo están? Bien, muchas gracias abuelita, ¿de adónde viene? Vengo de la ciurá, no má. ¡Ah! Mis hijos, tan bonitos, tan buenos mozos, bien queridos. Ustedes, ¿qué oficio saben? Pa’ yo dame cuenta de la vida. Se para el joven mayor, y le dice: soy sastre. Ay, está bueno. ¿Y el otro? Abuelita, yo soy tiraó, yo con mi escopeta soy tiraó. Jum, también esta bueno. ¿Y el otro joven? Abuelita, yo soy ladrón. ¡Avemaría santísima, yo no puedo ve! Y el otro, ¿qué sabe? Abuelita, yo se ve. Este sí está bueno. Dio la vuelta y se perdió.
Vino la viejecita y se fue, subió al palacio, habló con el rey. Le dijo que había encontrao cuatro jóvenes hermanos, el uno era sastre, el otro tiraó, el otro ladrón —ella no le había gustado esa palabra— y el último sabía ve, ese sí estaba bueno. Está bien viejecita, ese es un favor predileto que me está haciendo. Gracias mi rey.
Vino el rey, llamó a un soldado y le ordenó que encontraran como fuera a esa persona que sabía ve, a patada, a como fuera. Entonces, llegó el soldado: ¿quién es el que sabe ve, aquí? Le dijo: yo soy. Mi sacareal majestá dice que haga el favor de atenderle un momento. No, yo no le debo nada y como no le debo nada, no tengo por qué atenderlo. Dígale a mi sacareal majestá, que si me necesita a mí, ecriba unas dos letricas que diga, que haga el favor con mucha gentileza, que haga el favor de atenderlo, de colaborá conmigo. Entonces se fue.
Frente al rey: le mandó a decí el joven, el que sabía ve, que él no tenía compromiso con usté, que si quería colaborá con él, que le mandara unas dos letricas. Así es, entró a la realidad el rey. Llegó el joven y leyó las dos letricas que le habían mandado. Le dijo: yo no tengo compromiso con el rey, ni el rey me debe a mí, ni yo le debo a él, dígamele a mi sacareal majestá que si quiere entrá en compromiso conmigo, que me ecriba unas dos letricas mandándome a decí que yo, fulano de tal, perencejo o sutanejo, que somos cuatro hermanos, y que tenemos que ir a atenderlo a él.
Le entregaron el papel al rey, leyó el papel con la mayor delicadeza. ¡Ah eh!, dijo el rey, yo estaba equivocado, esas son gente honorable, y yo tengo que ecribirle un papel a ellos. Llegó y ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta, lo escribió. Después que lo escribió, le dijo al soldado: lléveme este papel. Se los leyó y los cuatro hermanos se alegraron, y fueron a atendé la llamada del rey.
Llegaron al palacio y lo saludaron. Mi sacareal majestá, aquí habimos llegado para atenderle la notificación que usté nos mandó. Pero, ¿qué pasa, mi sacareal majestá? La primera notificación nos llenamos de furia y de soberbia, pero despué reaccionamos con esos papeles gentilmente que nos mandó con la mayor delicadeza. ¡Sí cómo nooo! ¡Cómo nooo! ¡Cómo nooo! Y les digo yo, como rey, de aquí de la ciurá, que mando, hago y deshago, quiero pediles un favor a ustedes, cuatro hermanos.
Yo soy casao con mi señora, véala aquí. La llamó y la presentó. Vean mi esposa, y en el mundo tuvimos una sola hija, una sola hija y le pusimos recamareras, toda la servidumbre de este continente, teníamos un jardín. Dios nos había dado esta hija a nosotros, tenía la costumbre de que la niña bajaba a ese jardín, tratándose de las seis de la tarde, bajaba con todas sus damas, a recrearse, a darse gusto. Hasta que un buen día, esa niña bajó, como de costumbre con todas sus damas, y pasó un ave nocturno, irreconocible, con uñas sobre uñas, y me asaltó la niña, y desapareció, y desde esa tarde me puse en continuo movimiento, repartiendo aviso por todas partes: por el aire, por debajo de la tierra, por encima de la tierra, por todo el mar, y naide me da noticias de esta niña. Hoy casualmente está cumpliendo veinticinco años desde que la niña se desapareció, yo y la madre no la vemos a mi única hija que tuve en el mundo, pero no pueden dar con la niña porque la niña vive en un mar solitario, donde no pasa ninguna embarcación. ¿Ustedes darán con la niña? Sí, le voy a decí, mi sacareal majestá, yo podía comprometerme y traerle la niña, pero para entregarla tenemos que ocupar a mis hermanos. No hay ningún inconveniente, no hay ningún inconveniente, le digo yo como rey de la ciurá.
Vea, mi sacareal majestá, yo puedo comprometerme como sé leé y sé ve. ¡Traerle la niña no vale nada! Me comprometo a traerle a la niña y la serpiente muerta. Usté tiene que darnos un barco de tres velas nuevas, tiene que poneme los mejores mareños, bastante comida y bastante agua, que no le falle a ninguno de los navegantes que andemos ocupando el mar. Mi sacareal majestá, ¿usté qué me dice de esta propuesta que le estoy haciendo? Bien, está bien, magnífico. Como son cuatro hermanos, entro a este compromiso y a colaborá con lo que me están manifestando. Yo soy el rey de esta ciurá, lo que yo diga y nara má. Antonces, ¿qué hago yo? A cada hermano le pago un millón de riales a cada uno, está bien. Antonces, como dice usté, y el que quiera casase con la niña al encontrarla, ese no le corresponden riales, ese se casa con la niña. Está bien, contestaron los cuatro hermanos. El rey dice: les voy a poné el barco, los mejores mareños, agua bastante para que tomen y comida. Bueno, le dijo el mayor, que era sastre. Mi sacareal majestá, necesito que me dé ropa para la señorita, suficiente. Sacó una maleta de ropa. Aquí tiene, dijo. Mi sacareal majestá, me comprometo como hermano mayol de mis hermanos, traer la niña y la serpiente. Bien, buena suerte.
Se fueron en ese barco que partía olas. Todos iban durmiendo y ese iba viendo, viendo a qué horas salía del mar la niña. De la ciurá del rey adonde estaba la niña eran tres meses completos, pero como tenían una nave que ocupaba viento, en término de tres días tuvieron divisando el mar y una isla. Dijo el que sabía ve: bajen todas las velas, que quede el barco dando vueltas dentro del centro del mar. Así lo hicieron los que iban de tripulación bajo la potestad del que sabía ve.
Al divisar el mar donde estaba la niña, llamó a sus tres hermanos. Quiero que me digan qué están viendo dentro del centro del mar. Hermanito, veo una nube negra. El otro: que veo una nube negra. El otro: que veo una nube negra. Están equivocaos, no es una nube negra, es una isla y en el centro de la isla está la niña, y está cubierta por la serpiente que anda por debajo de la tierra, por encima del agua y por el aire. Echen el ancla al agua. La echaron. Guuuuuuu, necesito que me echen la panga (lancha corta y ancha) al agua. Vengan acá, mis tres hermanos, yo confío en mis hermanos y ustedes tienen que confiá en mí. Desde que salimos de la ciurá he venido cumpliendo con la obligación, la vida de ustedes ha estao entregada a mí, yo no he dormío. Necesito que el ladrón, cumpliendo con la profesión que aprendió, me vaya a sacá a la niña de los brazos de la serpiente. El ladrón se embarcó y se fue, pía, pía, pía, pía, pía, apegó a la isla. Antonces el que sabía ve, dijo: allá está mi hermano, y se ha ido a punto de pie.
La niña, al verlo, se ha llenado de nervios y le dijo que se retire. El ladrón le contesta que no, que no se retira, y va pa’ dentro. Como es gran ladrón, le ha metido las dos manos a la cabeza de la serpiente y se la ha alevantado. Le dijo a la niña que salga, la niña se ha salido, pero como estaba llena de nervios se ha caído al suelo. Le dijo el ladrón que se vuelva. Se regresó, se sentó, vino el ladrón y ha metido las dos manos. Se sentó la niña y le ha puesto la cabeza de la serpiente en la falda. El ladrón ha pegado tres brincos pa’ trás, se quitó la camisa, la camisilla, el calzoncillo, el pantalón, ha hecho una pequeña almohada y puso la cabeza de la serpiente encima. La serpiente ocupa toda la isla, se ha alevantado la niña, y dio varios pasos. El ladrón ha cogido la niña, la abrazó, le cruzó las zancas, la envolvió, fue dando botes sobre la arena, y la embarcó. Esos botes que daba el ladrón contra la niña eran para que no sintiera la serpiente los cimbridos de la tierra, y no se despertara.
Bien, el que sabía ve, estaba viendo el movimiento para saber si el hermanito tenía vida o muerte. Mi hermanito ya embarcó a la niña, arrancó con los remos, y viene hacia el barco. Él solo lo está viendo. La otra tripulación, los hermanos, nadie los está viendo, solamente hasta que está arrimando esa panga, con aquella niña que merecía la consideración de la vida. Por eso ese día el ave nocturno la engarzó con las uñas, y se la llevó por los aires, porque era linda. Antonces, después que embarcaron a la niña, vino el sastre y dijo: es muy linda. Y tenía que encerrarla en un camarote y meterle llave. El uno porque era provocativa, muy linda, y el dos, porque no convenía que ella se diera cuenta de los desastres que iban a pasarle. La metieron con comida de lo mejor, el maletero de ropa que le había dao su padre, para que le entregaran a la niña.
Dijo el que sabía ve: ahora que ya embarcamos a la niña, la serpiente permanece durmiendo tres días. Todos los del barco van bajo la responsabilidad de yo. Necesito que, como estamos en el mar donde está la serpiente, coloquen solo una vela para salir de este mar peligroso. Así fue acumbum, acumbum, hasta que salieron de ese mar. Después de salir, dijo el que sabía ve: y me izan las velas para ver si salvamos nuestras vidas y la de la niña. Llevamos una responsabilidad grande, entregar la niña. Acumbum, acumbum, acumbum.
Cuando el ladrón se robó la niña de los brazos de la serpiente, acababa de quedarse dormida, y ella permanece tres días con sus noches durmiendo. Por eso la ladrona de esa serpiente se iba a todas las casas de la ciurá, del mundo entero. Se presentaba como un azulejo, un pájaro mansito, para entra a robá, y cuando ella se iba a dormí, dejaba la niña rodeada de todos los placeres de la vida, no le faltaba nada. Bueno, a los dos días de está navegando, cosa que se llevaba tres meses para llegar, divisaron la bocana de la ciurá donde vivía el rey, padre de la niña. Entre los hermanos hablaron, y recordaron que mañana a las doce del día se despertará la serpiente, en un estado pavoroso, buscando a esa paloma. Ellos estiman que han cumplido con la obligación desde que salieron de la ciurá, amparando la vida de ustedes y la mía. Al otro día, a las doce del día, cuando era la hora precisa, se alevantó la serpiente.
Dijo el que sabía ve: hermanos, estoy con todos mis aparatos viendo el movimiento de la gorgona, que ocupa todo el mar. Se ha alevantao, mira para todas partes buscando a la niña, no la ve. Pegó el vuelo esa nube negra y en término de media hora estuvo la serpiente en el barco. Hermanos, esta nube negra que ustedes ven arropando todo el barco, no es nube no, es la serpiente que viene a darnos a todos; necesito que el tiraó, se ponga de acuerdo para salvarnos a todos. Sacó la escopeta y pam, pam, hizó un tiro al aire. La bala dentró por el sentido (sien) y salió por la boca de la serpiente, y se vino, jul, cayó encima del barco, y ruumm, este se abrió porque no aguantó el peso. Dijo el que sabía ve: necesito los auxilios del sastre para ir a remendar el barco, para salvar nuestras vidas. Bajó el sastre tra, tra, tra, tra, tra, salvó el barco, y al divisar la bocana de la ciurá izaron la bandera, que era la señal de que traían a la niña.
El rey y la reina, dijeron: ya viene nuestra hijita, llegaron al muelle. Hacía veinticinco años no veían a su paloma. Después, dijo su sacareal majestá: jóvenes, nosotros estamos con el compromiso firmado, que al llegar la niña, quien se quiera casá con la niña, se casa y el que no, le correspondía un millón de riales. El rey: aquí está la niña. Digan los cuatro hermanos que me han traído a mi hija. El que sabía ve: mi sacareal majestá, yo no necesito los riales, yo quiero casalme con la niña porque yo he cubierto todo. Dijo el tiraó: aah, ¿usté sabe casase con la niña? Maldita sea. ¿Así que vos pensá casate con la niña? Y yo, como tiraó, cuando venía la serpiente a acabarnos a nosotros, ¿yo no fui que la maté? Dice el veedó: ¿yo no fui el que vi dónde estaba la niña, y sobre la palabra mía, tomaron seguridad usté y sííí? Dijo el ladrón: carajo, casi me matan, me vuelven pedazo, yo fui a robá la niña de los brazos de la serpiente. Dijo el rey: sí, yo ya veo, todos trabajaron por igual; aquí tienen esta peinilla para que la dividan. El que tenga valor, coja esta peinilla, extienda la niña y divídala en cuatro cuartos, para que a cada uno le corresponda su parte. Mi conciencia exige que todos trabajaron por igual. Llegó el ladrón, como era un hombre sin alma, cogió la peinilla pa’ volver la niña en cuatro cuartos. Lo avetó (agarrar en el aire un objeto) el que sabía ve: hagamos una cosa hermano, no cometa ese asunto, cojamos cada uno su millón de riales, y sacamos a nuestros padres del bosque y lo colocamos aquí, vecino del rey, y el rey se encarga de darnos un buen terreno. Dijo el rey: yo acepto. Acabándose y se acabó, todo mi cuento cumplido y necesario, para cualquier momento que me vuelvan a ocupá.
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Fuente documentada
- Tipo
- Libro
- Autor
- Revelo Hurtado, Baudilio
- Título
- Cuentos para dormir a Isabela. Tradición oral afropacífica colombiana
- Año
- 2010
Control documental
- Metadatos
- Completo
- Revisión pendiente
- Fuente bibliográfica: sin coincidencia
Cómo citar esta ficha
Literatura Tradicional en Colombia. (2026). Los cuatro hermanitos (CLTC-0538-N). https://literaturatradicional.co/archivo/los-cuatro-hermanitos-cltc-0538-n