NarrativaCuento

Las trampas de la vida

Relato clasificado como cuento, documentado en Condoto, Chocó en 1960.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como cuento, documentado en Condoto, Chocó en 1960.

Esta ficha procede de la base depurada del proyecto y conserva su identificador estable para facilitar el cotejo, la actualización y la citación.

Transcripción del corpus

Texto de la pieza

Una vez un hombre se fue a pescar, y su anzuelo sacó una ballenita joven y elegante. Como le pareciera muy pizpa (bonita, agraciada), se propuso criarla. Todas las mañanas le daba la mejor comida que podía, hasta que el animal creció, engordó y se puso fuerte, volviéndose la admiración de todo el mundo. Pero la bache (ballena pequeña) era ingrata. Una tarde, mientras su amo le daba de comer, lo invitó a que la montara como caballo. Lo llevaría mar afuera, conocería otros mundos y regresaría a su tierra cuando le provocara. Para eso estaba ella allí. El hombre, entusiasmado, se trepó sobre el lomo del animal, que salió aprisa por entre las olas, con la intención de dejarlo Dios sabe en qué punto. Los animales de las orillas, al comprender la mala fe de la ballenita, decían: -¿Para dónde llevas ese hombre, bache? -Este es mi amo, respondía. Voy a sacarlo al mar para que se refresque, conozca un poco y vuelva cuando quiera. Es que la tierra es dura. Tal vez por acá... Y seguía mar afuera, cantando: - Seré... Seré... Libre, al fin, seré... Al pasar por una isla, vio a Zorro en una sementera comiéndose un racimo de plátano. Este, notando que la bache llevaba hambre, la llamó con estos gritos: -¡Arrime! ¡Arrimee, comadre! Venga a tomar chucula (cierta comida hecha con el plátano) de maduro fresco, guarapo dulce, y además prueba los cocos biches de la playa. La vida, amiga, no se lleva a la carrera. La ballena arrimó. Embelesada con tantas cosas del colino, se olvidó de su amo, que huyó monte adentro. Ida la bache, el hombre se acercó a Zorro y preguntó: -¿Cuánto le debo por el servicio, primo? (Se toma por amigo, señor). -Nada, casi. Le cobro un colado (catanga, cesto de bejucos) de gallinas, nada más. Búsquelas, eso sí, grandecitas, más bien gordas. Estoy prohibido comer carne flaca, ya que con la peste las aves se han encarecido, atrasándome (perdiendo peso, desmejorándose) considerablemente. No vaya de atembado (tonto) a decir que son para mí, pues mis enemigos no duermen y me la tienen velada. -Pero... ¿se puede saber quiénes son sus enemigos? -Esos malditos perros que viven por allí... El hombre echó a andar hacia el caserío. Estando en él juntó una guayunga (montón) de perros, y, frente a Zorro que esperaba, se los aguijó. Huyendo del guango (montón) de animales, iba diciendo: -¡Arriba, San Anacleto! Si de esta escapo, en otra no me meto. ¡Toda la vida es trampa!

El texto se publica con la autorización documentada por el proyecto o a partir de una fuente de dominio público, según corresponda. La referencia de procedencia se conserva en esta misma ficha.

Fuente documentada

Tipo
Artículo de revista
Autor
Velásquez M., Rogerio
Título
Leyendas y cuentos de la raza negra
Año
1960

Control documental

Metadatos
Completo
Revisión pendiente
Fuente bibliográfica: sin coincidencia

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). Las trampas de la vida (CLTC-0430-N). https://literaturatradicional.co/archivo/las-trampas-de-la-vida-cltc-0430-n