La desposada con el rey
Relato clasificado como cuento, documentado en Chocó en 1955.
Metadatos del corpus.
Relato clasificado como cuento, documentado en Chocó en 1955.
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Texto de la pieza
Este era un rey que tenía un solo hijo. El rey pedía a su hijo que se casara, pero éste no lo hacía. Aunque todas las mujeres del reino deseaban ser esposas del príncipe, éste no les decía nunca esta boca es mía.
Muerto el padre, el pueblo pasó a ser del príncipe. Un día que estaba de cacería vio a una joven de quince años que lavaba junto a una quebrada. Se acercó a ella y, apenas la tuvo al frente, se enamoró de ella. La siguió a su casa, que era de paja. El rey quiso penetrar en el rancho, pero la joven le rogó que esperara en el patio mientras ella daba aviso de su llegada. Como la niña era la de los oficios caseros, se olvidó del caballero que estaba en el patio. Hecha la comida y servido a sus padres, fregados los platos y apagado el fogón, sacó la cara por una ventana y vio al galán que se paseaba por allí. Fue entonces cuando dijo a sus padres que allí estaba un señor que tal vez deseaba alguna cosa.
El rey, al penetrar a la choza, pidió la mano de la muchacha, pero los viejos se la negaron. El rey les hizo saber cuál era su cargo y poder, pero tampoco consiguió nada, pues los campesinos creyeron que era un loco o que se burlaba de ellos. A las cansadas (al final, a regañadientes), los padres cedieron, pero indicaron que el matrimonio sería allí, lo que aceptó el rey.
Al día siguiente, el monarca mandó provisiones y abrigo al rancho de su novia, pero los viejos no recibieron nada para ellos, sino que lo guardaron en un catabre (canasto). También mandó hacer una carretera de la ciudad a la aldea de los campesinos, pero ellos no caminaron por ese camino sino que continuaron andando por sus trochas. Fabricó un palacio para los viejos padres de la que sería su mujer, pero ellos continuaron viviendo en su casita de paja vieja y llena de goteras. Los mandatos del rey se cumplían en silencio, pues no quería que el pueblo se diera cuenta de lo que pensaba llevar a cabo.
Arreglada la boda, el rey salió de su palacio con una comitiva numerosa. Llevaba músicos, carruajes de oro, pajes. En el camino soñó que se casaba, pero sin saber con qué persona. Todas las príncipas (princesas) decían que el rey se casaba, por lo que todas se arreglaban de lo mejor, creyendo que sería con alguna de ellas pero era una sorpresa lo que les iba a dar su sacarreal majestad (su sacra real majestad).
Rey y comitiva llegaron al bosque. Todos estaban pendientes de la novia, aunque reían al pensar en una reina criada en el monte, que lavaba platos, arreglaba la cocina, cuidaba los puercos y sembraba colino (sementera de yuca, ñame, maíz, plátano). Vestida ya, se vio que era la mujer más bella del mundo. Casados, se fueron a la ciudad, donde se hizo la fiesta.
En el banquete el marido pidió la palabra y, poniendo de testigos a los invitados, pidió a su señora que le prometiera cumplir todo cuanto él le pidiera, pero siempre de buen modo, con risa y cariño. Ella prometió que así sucedería.
Pasada la luna de miel, y después de días felices, la reina tuvo un precioso niño. Al año de nacido, el rey comenzó a mostrarse distinto con la reina. La trataba mal, le pegaba, pero ella cumplía su palabra. Riendo y con buenas maneras, dejaba que el rey rabiara para luego ir a consolarlo y servirlo.
Una noche el rey dijo que arreglara el niño porque al otro día lo mandaría matar. Así será, dijo la madre riendo. Por la mañana le arrebató el muchacho de las manos y salió con él. Al cabo de cuatro horas entró a la recámara con un corazón en la mano. Se lo mostró a ella, diciéndole que era el de su hijo. Ordenó que lo preparara, para él comérselo. Ella hizo todo, cantando y riendo.
Así hizo con dos hijos más. Como no tuviera la reina más hijos, creyó que el rey se la comería. Pero no sucedió así. Un día le dijo el marido:
-Como ya no tienes más hijos, te vas de mi palacio para tu montaña. Allá te pondrás los vestidos que usabas antes de que te conociera. No usarás botines. Me voy a casar con una princesa de verdad. Cuando te mande a llamar vendrás inmediatamente. Ya sabes que palabra de rey no debe faltar.
La reina siguió para su rancho. A los quince días el rey la mandó traer para que cocinara. Ella se presentó. Hizo lo que le mandaron y vio llegar a unos invitados. Sirvió la comida y vio a dos jóvenes y a una muchachita que la llenaron de alegría. Ella pensó que la niña que veía debía ser la novia, y los muchachos, sus hermanos. Por mandato del rey ella sirvió un plato más en la mesa del convite.
Sentados ya los comensales, el rey llamó a la reina, que permanecía en la cocina. Preguntó a los invitados que si recordaban lo que él había pedido a su esposa en la noche de la boda. Todos dijeron que sí. Luego dijo:
-Ella ha cumplido fielmente su palabra. Ha sido una esposa inmejorable. Es digna del reino.
Y volviéndose a ella le dijo:
-Estos que están a tu lado son tus tres hijos. Cada vez que te los he quitado para matarlos, los he mandado al exterior a que se preparen en el estudio. Lo que te he mostrado como sus corazones, han sido los de tres corderos que he mandado sacrificar para engañarte.
Hubo abrazos y besos, y la familia, reunida, vivió feliz por una eternidad.
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Fuente documentada
- Tipo
- Artículo de revista
- Autor
- Velásquez M., Rogerio
- Título
- Cuentos de la raza negra
- Año
- 1959
Control documental
- Metadatos
- Completo
- Revisión pendiente
- Falta localización; Fuente bibliográfica: sin coincidencia
Cómo citar esta ficha
Literatura Tradicional en Colombia. (2026). La desposada con el rey (CLTC-0405-N). https://literaturatradicional.co/archivo/la-desposada-con-el-rey-cltc-0405-n