NarrativaCuento

Juan Bobo

Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.

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Transcripción del corpus

Texto de la pieza

Había una vez una señora que tenía un hijo, la mamá criaba gallinas y las mandaba a vender. En el pueblo vivía un rey que tenía una sola hija y había dicho que el que adivinara qué tenía la hija en el ombligo se casaba con ella y le daba parte del palacio. A todos los invitaron a que dijieran qué tenía la hija del rey en el ombligo, nadie dio con el quinto tono. A Juan Bobo, la mamá lo ha mandado a vender una gallina. Se jue: vendo la gallina, vendo la gallina vendo, vendo la gallina. Juan Bobo, ¿es de venta la gallina? No es de venta; vendo, vendo la gallina vendo, vendo la gallina vendo, vendo la gallina. Juan Bobo, ¿cuánto vale la gallina? No es de venta. Cuando iba llegando al palacio: vendo, vendo la gallina vendo, vendo la gallina. Salió la príncipa y le pregunta: Juan Bobo, ¿cuánto vale la gallina? ¡Aaaaaay, niña hermosa! Príncipa, yo a usted esta gallina no se la vendo, se la regalo pero si me muestra de la punta de los pies hasta las rodillas. Como era bobo, la niña de dieciocho años le mostró de la punta de los pies hasta las rodillas, porque usaba ropa larga. Así que llegó donde la mamá. Pásame la plata de mi gallinita que me vendiste, ve. Esa gallina se voló de mis manos, yo no sé. ¡Ay Juan Bobo! Vos me botaste mi gallina, ¿qué vas a comer ahora Juan Bobo? A los tres días le dio la mamá a Juan Bobo un gallo hermoso pa’ que lo juera a vender. Juan Bobo, me vendés el gallo, no me vas a botar el gallo porque te voy a pegar. Yo lo vendo, yo lo vendo. Se jue: vendo, vendo este gallo vendo, vendo este gallo vendo, vendo este gallo. Juan Bobo, ¿cuánto vale el gallo? No es de venta; vendo, vendo este gallo vendo, vendo este gallo. Juan Bobo, ¿cuánto vale el gallo? ¡No es de venta! Cuando llegó Juan Bobo derecho al palacio: vendo, vendo este gallo vendo, vendo este gallo. Juan Bobo, le dijo la niña, ¿cuánto vale ese gallo? ¡Aaaaay mi linda príncipa! Yo a usted este gallo no se lo vendo, este gallo se lo regalo pero si me muestra de las rodillas hasta el ombligo. Llegó la muchacha, como era bobo se levantó la falda y le mostró desde las rodillas hasta el ombligo. El bobo vio que era un botón de oro que tenía la príncipa en el ombligo. Cuando los que iban a adivinar qué tenía la príncipa en el obligo, pa’ que se casaran con ella, nadie en ese pueblo, en esa ciurá pudo adivinar. El único que quedaba faltando era Juan Bobo. Lo llamaron, por no dejar, porque qué iban a pensar que un bobo juera a decir algo. Cuando dijo Juan Bobo: lo que tiene la príncipa en el ombligo es un botón de oro. El rey se quedó abismado. Juan Bobo, como el peor del pueblo, no, no puede ser, tú no te casas con mi hija, quítate de aquí, por grosero. Se jue Juan Bobo con la cara gacha; por allá por el monte había una zanja que tenía que pasar, cuando se encontró un muchachito y le dijo: Juan Bobo. Hombre, no me moleste que voy todo aburrido hermano. Ve Juan Bobo, pásame allá, al otro lado de la zanja, y te regalo un mando (poder, magia). ¿Un mando pa’ qué? Juan Bobo, pásame y te regalo un mando. Caminá, te paso. El peladito le dio el mando y desapareció. En casa le dijo la mamá: Juan Bobo, mi gallo me lo botaste, la gallina me la botaste, todo lo que cae a la mano tuya desaparece. ¿Qué te pasa? ¿Por qué es que cada día te ponés más bobo, hombre? Juan Bobo bien azarado un día se acordó del mando y dijo: ¿y este mando qué quiere decir? El mando era como un diamante. Mando, mando, mando que ahoriticamismo la hija del rey quede preñada, preñada la hija del rey. A buscar todo el mundo, y la muchacha cada día barriga va pa’ encima y ella tampoco sin saber qué le pasaba, y barriga va pa’ encima y el papá queriéndola matar en ese palacio. Ella no sabía qué le había pasado porque era una muchacha virgen, Dios mío y esa muchacha asustada. Nació el niño y pusieron a todos los muchachos del pueblo, a todos los hombres, a que jueran a reconocer ese niño, porque la muchacha no decía quién era el papá. ¡No ve que no sabía! A todos los hombres de esa ciurá los repasaron y les hacían misas a ese peladito pa’ quererse casar con la príncipa. El único que faltaba en tantos días de repaso era Juan Bobo. Cuando este jue apareciendo, ese niño tan pronto lo vio se le aventó encima. ¡Aaaaaaay! ¡La hija de mi corazón se pudo acostar con este muerto de hambre! ¡Ahora mismo los destierro de aquí! Hizo un barco el rey, les echó comida bastante y sin máquinas los echó al mar, al son del agua. Meses van, meses vienen, la príncipa allá en su barco, Juan Bobo en la proa del barco. Cuando le daba hambre mando, mando, mando dos canastillas de queso y una talega de pan. La comida que el rey había metido al barco él no la tocaba, solo era pa’ la príncipa. Pasan meses, meses van, meses vienen, hasta que ya el niño tenía como unos siete años y ellos andaban navegando desertados. Este mando que yo tengo aquí voy a darle oficio. Mando, mando, mando, que ahora mismo yo sea un rey dueño de un palacio más grande que el del rey papá de la príncipa. Ahí mismo, un palacio de lo más lindo, de lo bello, el doble más grande que el del rey. Ya Juan Bobo no era más bobo, era el rey Juan, así que, ahora sí con sirvientes y todo. Sacó a su príncipa de allá, y envitó a todos los reys de los otros palacios de otras ciudades, especialmente al papá de la príncipa. Tan pronto llegaron, una fiesta a todo dar, copas de oro, ahí mismo llegó y le dijo al mando que le hicieran entrar dos copas de oro al bolsillo del rey. Al rato dijieron que se habían perdido dos copas de oro y que iban a requisar a los invitados. Como todos eran inocentes, se dejaron requisar, cuando van incontrando las dos copas en el bolsillo del rey; el que se había robado esas copas, pena de su vida, lo colgaban. El rey se arrodillaba ante el rey Juan. Por favor rey yo no me he robado nada, yo no sé cómo esas copas entraron a mi bolsillo, le juro por Dios que yo no las he cogido. Todo está preparado pa’ la muerte del rey. Un momento, les dijo a los colgadores, háganme el favor y me bajan las dos prendas que están en el segundo piso. Vino bajando esa príncipa y ese niño, ese príncipe de siete años. Le dice Juan Bobo: señor rey, ¿usted conoce a esa mujé? ¡Pero si es mi hija! Mi hija que hace siete años la eché al mar a perderse con Juan Bobo, con ese infeliz que la embarazó. ¿Usted sabe de qué manera entraron las copas a su bolsillo? No, por Dios, rey, yo no sé. Pues así mismo es que su hija no sabe de qué manera le entró ese hijo y sin embargo usted no tuvo compasión de ella. Yo soy Juan Bobo y ella es su hija, él es mi hijo, el hijo del mando, no de mi sangre, sin embargo usted no la dejó hablar, no dejó que se defendiera, cómo le parece, cómo se siente ahora que usted está en las mismas condiciones. Por favor rey no me mate, ve, le entrego todo mi palacio, todo lo que tengo pero no me mate, soy su sirviente. Bien, bájenlo de la horca, yo soy el rey Juan Bobo el que usted despreció porque no era capaz de casarme con su hija. Hasta hoy están casados, Juan Bobo con la hija del rey más rico que había en esa ciurá.

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Fuente documentada

Tipo
Libro
Autor
Revelo Hurtado, Baudilio
Título
Cuentos para dormir a Isabela. Tradición oral afropacífica colombiana
Año
2010

Control documental

Metadatos
Completo
Revisión pendiente
Fuente bibliográfica: sin coincidencia

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). Juan Bobo (CLTC-0569-N). https://literaturatradicional.co/archivo/juan-bobo-cltc-0569-n