NarrativaLeyenda

El Mohán

Relato clasificado como leyenda, documentado en Tolima en 1962.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como leyenda, documentado en Tolima en 1962.

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Transcripción del corpus

Texto de la pieza

Es el más legendario, conocido y respetado en el Tolima. Se puede decir que es el personaje más importante de la mitología tolimense. Se le llama, también, el Poira, pero en aquella su especial caracterización de gran perseguidor de muchachas casaderas que apenas han traspasado los umbrales de la pubertad. El Poira es el Mohán travieso, enamorado, libertino y raptor. Les roba la tranquilidad a las jóvenes, las idiotiza, las emboba y las atrae hacia él con artificios. Sus hazañas son muy conocidas, tanto en su caracterización del Poira, como en su auténtica personalidad del Mohán, y, hasta hace poco tiempo, no se podía poner en duda su existencia ante las verídicas afirmaciones de los campesinos. Son muchas las leyendas y versiones que existen sobre este personaje mítico, oriundo del Tolima, riqueza de nuestro folclor y figura simbólica de un pasado, maravilloso y fantástico. Son muchas las muchachas que ha raptado, formando así un sin fin de leyendas a cual más fabulosas, irreales y novelescas; muchos hombres ha perseguido, incesantemente, hasta sepultarlos en las negras aguas de sus insondables dominios; muchas embarcaciones ha hecho zozobrar y muchos los parajes que ha desolado, embrujado de superstición y misterio entre sus humildes moradores. Respecto de su figura, varía con frecuencia de un lugar a otro: en Ambalema, por ejemplo, es un hombre pequeño, musculoso, de pelo "candelo", barba hirsuta, también roja, ágil, vivaracho y tan social que muchas veces salía a mercar en compañía de los demás, dizque porque en esa forma se daba cuenta de todo y podía actuar con más efectividad. Se le conocía porque en sus compras nunca incluía la sal, artículo éste tan indispensable para el sostenimiento diario. Decían que habitaba en la profunda y peligrosa moya de "Boluga", en el embarcadero y en la conocida moya de "El triste", lugares éstos en donde se han perdido muchos bogas, pescadores y charopaneros. En la "Vega de los Padres", Piedras, y "Cortaderos", que es un espíritu invisible, que no toma ninguna forma, que se escuchan sus risas, cantos y "pesquerías" y se conocen sus ataques pero nunca se le ve; otros afirman que puede transformarse a su antojo, y así toma la forma de cualquier conocido pescador de la región y se mezcla en las faenas y veladas pesqueras sin ser reconocido. Esto daba origen a muchas confusiones, en las que una persona resultaba estar en dos partes o no estar en donde se aseguraba lo contrario; con esto los campesinos caen en la cuenta de que, "el mechudo estuvo con nosotros anoche, compadre". En Coyaima, en las moyas de Colache, en el Saldaña, en las profundidades de las lagunas de Yaberco, Totarco y en los moyones de las "Animas" y Golondrinas, el Mohán era negro, tanto su piel como su espesa y larga pelambrera; era un oso negro como un tizón; de temperamento huraño, huidizo y desconfiado; poco mujeriego, pero más feroz. Tenía muchos encantamientos y guacas alrededor de los charcos que habitaba, tesoros que él en persona custodiaba, haciéndolos inconquistables. Su mirada era maléfica y sus persecuciones muy funestas. En Chenche, en cambio, es un hombre de mediana edad, alto, de nariz aguileña, ojos negrísimos, larga y espesa barba y largos y abundantes cabellos con los cuales cubría su desnudez; sus manos eran finas, de largos dedos y afiladas uñas; boca grande, bien formada y dentadura toda de oro. Tenía muchas alhajas en los dedos, de puro oro, y con piedras preciosas que brillaban en la inmensidad de las aguas. Habitaba un magnifico palacio construído de oro puro, en las moyas profundas, en los remolinos tenebrosos. Había la creencia de que en los acuáticos lugares en donde el Mohán tenía su morada no se encontraba asiento; las profundidades del Mohán no tenían fin. Este palacio dorado tenía grandes salones iluminados con hachones en los que se oía un continuo murmullo, una monótona música hipnótica. En el norte del Tolima también fue muy conocido el Mohán, así como sus leyendas y guaridas. En Honda decian que habitaba en las moyas de Caracolí y en las profundas cavernas de los peñonales del Salto; en Méndez, en Conchal, en Paquiló; en las moyas del Bledo y el río Guamo; en los charcos del "Tambor", "Aguas Claras", "Charco Azul" y "Charco Hondo", en Lérida, en las angosturas del río Recio, en las charcas de Guarinó y en muchas otras. El Mohán salía de su mansión áurea a hacer de las suyas por los alrededores. Se le ve, por ejemplo, pescar por la playa, río arriba, en medio de la oscuridad y cuando amenaza lluvia y se oye a intervalos regulares el chapoteo de la atarraya cada vez que hace un lance; se le ve bajar en una vastagosa por la madre del río a deshoras de la noche y en las grandes crecientes fumando tabaco, tocando tiple o remando tranquilamente; también lo han visto bajar por la playa, con una sartalada de bocachicos anudada a la cintura y con la "mayuda" sobre la espalda; lo han encontrado sobre una roca peinándose los largos cabellos, anzuelando solitario en los tranquilos remansos debajo de las frondas de la orilla, robándose los anzuelos y destruyendo las estacadas; hoguereando un "viudo enterrado", haciendo café en la playa o cantando muy quedo a la orilla de los grandes ríos; otras veces se le ha oído retozar alegremente con muchachas, cuyas risas y alardes llegan de la profundidad de las aguas; se escuchan, también, sus risas ante las imprecaciones de algún pescador que lucha por desenredar la red que él mismo le ha enredado. Hay quienes aseguran que la vivienda del Mohán no era un suntuoso palacio sino una enorme cueva oscura y tétrica, en donde vive solo y huraño, luégo que dan a entender, también, que hay muchos Mohanes: en cada río, en cada pozo, en cada profundidad o sitio tenebroso de las aguas: -Yo creo, compá Nonato, que el Muán que nos enrieda las chilas y nos hace manonegra en la playe el Dindal, vive es ai en la moye "Botijas". Persigue a los hombres que pescan en jueves santo o a los que en el viernes echan más de los lances autorizados; a los que por pescar en día de fiesta no oyen la Santa. Misa; a los que maldicen y son inconformes con la pesca. A .éstos les enreda o ahoga las redes, les roba el pescado o les ahuyenta los peces; les roba los anzuelos, las carnadas o los enseres de pesca; los desorienta en el río, recoge los anzuelos y destruye las estacadas; hace crecer el río misteriosamente y cuando está muy colérico hace ahogar a los pescadores. Muchas veces un pescador solitario, tarde de la noche, que pacientemente espera en cuclillas, haciéndole "hora" al lance, cuando oye de pronto el consabido silbido de aviso hacia un lado de él y en seguida oye el chapoteo de la atarraya del "Mechudo", como lo llaman familiarmente, sobre las aguas, escucha cómo los bocachicos aletean al ser sacados del agua y depositados en la playa. El hombre no lanza su red, y huye aterrado y rezando el Credo. Otras ven, a la tenue luz de las estrellas, cómo un pescador fornido llega a la orilla y lanza su red con bastante maestría y la saca llena hasta el copo de peces, los echa todos en una murrala y se va tan silencioso como llegó; viendo los demás lo maravilloso del lance se aprestan a echar sus redes allí y cuál no, será su desconcierto al jalar la cabuya y sentir la "manta" enredada en una terrible palizada. A las mujeres se las rapta, después que las haya hechizado convenientemente, y se las lleva para su vivienda. Persigue a las muchachas jóvenes, bellas y con mayores dones de castidad y de las más codiciadas de la región. Desde que se inicia su persecución o su influencia, la mente de la joven permanece embotada, perpleja, vive de mal genio, alucinada y con repentinos sustos; busca las márgenes del río para vagar. No hay que dejarla sola porque de un momento a otro desaparece y no se vuelve a saber de ella. El Mohán las persigue aún fuera de sus dominios: en la casa por las noches, en los caminos, en la mana, en el lavadero, de día y de noche. Cuando logra raptarlas se las lleva a su mansión, las enseña a fumar tabaco, las atrae y las hipnotiza y las alimenta únicamente con pescado. Muchas veces, después de continua lucha con rezos, bendiciones, riegos de agua bendita, oraciones conjuradas, zahumerios de tabaco y otras yerbas aromáticas, se logra que el Mohán las deje en libertad, apareciendo la muchacha de pronto en la playa, ya inconsciente o despierta, pero cerril y endemoniada; no permite que nadie se acerque, huye frenética, le teme a los santos y a los crucifijos y desprecia y rompe las vestiduras que se le proporcionan. Para calmarla y restaurarla a la vida normal hay que bautizarla de nuevo, rociarla con sal y agua bendita, darle fricciones por todo el cuerpo con "chicote", rezarla y cubrirla con una de las capas del sacerdote. Tiene que ofrecer ella misma una promesa a los santos y vivir acompañada de un escapulario; confesarse y ojalá, alejarse de los ríos, de las lagunas o de cualquier fuente• con alguna capacidad de agua. Los campesinos aseguran que también existe Mohana, que no molesta a los hombres sino que los persigue para llevárselos a su guarida, así como el Mohán hace con las mujeres. Pero la Mohana es considerada como un personaje ajeno a la vida privada del Mohán; es decir, no como la compañera de éste, sino que hace una vida aparte. Para alejar las influencias y molestias del Mohán, por parte de los pescadores, hay que bautizar la atarraya; este bautizo consiste en soltar el primer pez que se pesque en su seno; pescar con paciencia y sin protestar por la mala suerte en las pesquerías; no pescar en días santos, no abusar de la pesca ni renegar en los ríos; ser bondadoso y regalar parte del pescado entre los vecinos, fumar mucho tabaco mientras se pesca y llevar siempre un escapulario al cuello; dejarle por ahí de cuando en cuando un atadito de tabacos y una botellita de trago en una parte donde él los encuentre, y, en fin, ser honrado y buen pescador.

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Fuente documentada

Tipo
Artículo de revista
Autor
Devia M., Misael
Título
Folclor tolimense
Año
1962

Control documental

Metadatos
Completo
Revisión pendiente
Falta localización; Fuente bibliográfica: sin coincidencia

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). El Mohán (CLTC-0434-N). https://literaturatradicional.co/archivo/el-mohan-cltc-0434-n