NarrativaCuento

El cura

Relato clasificado como cuento, documentado en Villa de Leyva, Boyacá en 2018.

Ficha documental

Metadatos del corpus.

Relato clasificado como cuento, documentado en Villa de Leyva, Boyacá en 2018.

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Transcripción del corpus

Texto de la pieza

Imagínese usted que yo era joven, entonces llegó mi mamá y me dijo un día, oiga, Pureza, vaya amárrame los terneros. Le dije: “Ay, pero sumercé las horas que se pone a decirme dizque a las cinco de la tarde, si es que de aquí eso es lejos, y uno corriendo de parriba eso se demora, y de pabajo qué, eso me coge la oscurana”. Pues a mí me tocaba amarrar los terneros allá onde es el Alto de la Villa, donde queda el hipódromo. Entonces yo llegué y amarré a toda carrera esos terneros y ahí mismo a correr otra vez, porque imagínese desde aquí hasta allá y de allá para acá otra vez, eso era lejos, y entonces yo me vine de allá ya empezando a oscurecer, todavía se veía bien y yo corra y corra y corra... Y sí había carretera pero era destapada, y entonces allá donde empieza la carreterita así que aquí viene la carretera principal y aquí empieza la carreterita allá para La Mesopotamia, ahí, entonces estaba así en el alambre un cura, agarradas las manos así en el alambre, y mirando así. Y le dije yo “Adiós, padre”. Y me dijo: “Adiós, mijita”. Y yo no voltié a mirar, yo seguí caminando así a este paso. Entonces yo caminé como de aquí a la puerta cuando entonces yo sentí que me tiraron como cinco piedritas me las tiraron por la espalda, entonces yo dije “mjem, este cura qué le estará pasando”, pero no voltié a mirar, el cura era de grandecito como él, así con esos ojos y tenía asi más o menos esa edad, y él tenía poquito pelito, así, así como él pero era más delgadito de carita. (Risas). Entonces, yo seguí caminando pero no voltié a mirar, cuando caminé como otros cinco o seis paasos, entocnes sentí que recogieron un poco de piedras delgaditas y las tiraron así parriba, y había unos árboles grandotes a lao y lao de la carretera, que habían unos árboles grandotes de pino y de eucalipto y los tumbaron cuando hicieron el Itinar. Bueno entonces yo sentía que caían las piedras por encima de mí y por entre las matas caían las piedras así, y yo dije “Mjem, ¿y este cura al fin qué fue lo que le pasó?” y entonces yo me voltié así y empecé a caminar así de patrás de patrás y no le quité la mirada por nada del mundo, seguí con los ojos abiertos. Y yo camine de patrás y de patrás así. Entonces imagínese usted que cuando yo volteé a mirar al cura, el cura era igual de grande a las matas, y el hábito le daba así de lao a lao e la carretera, y cada pepa del rosario aquí eran como así de grandes, y el cinturón ese, eso era como así de ancho, era un cinturón negro, y entonces así con todo eso pero yo seguí caminando así, caminando de patrás de patrás. Y lo le decía: “¿Es parte de Dios o es parte del diablo? ¿Es parte de Dios o es parte del diablo?” (Risas). No me dijo nada y entonces llegué a la esquina donde está al río, allá, entonces llegó él y se paró, y yo también me paré pero de lejitos así como de aquí a la puerta de lejos, se paró y yo me paré, y le dije: ¿Es parte de Dios o es parte del diablo?, diga a ver, ¿Es parte de Dios o es parte del diablo? Y no me contestó nada. Entonces se paró así, me miró como con tristeza y se fue achicando así a esta velocidad, hasta cuando quedó al mismo tamaño que estaba, y llegó y empezó a hacer así e pal lao de la carretera, con las manos así y hacía, y me miraba y me miraba y yo lo miraba, entonces ya cuando estuvo a la orilla y habían tumbado una mata grandota de eucalipto y era así de ancha, gorda, entonces llegó y puso esta mano encima de la mata y puso la otra encima así y llegó y hizo así y se achicó así, prum, y se perdió entre la tierra. Entonces yo dije: “pero esto ¿qué fue?”. Espere y verá, y fui y miré detrás de la mata y no vi nada, no había nada detrás de la mata. Y llegué a la casa y no dije nada, porque ya cuando yo llegué ya estaba todo muy oscuros, no le dije a mi mamá, a mi papá ni a mis hermanos, a ninguno le dije nada. Al otro día cuando me levanté yo les dije a mi papá y mi mamá que estábamos en la cocina porque yo había hecho tinto, nos lo estábamos tomando y entonces yo les dije: “Anoche sí vi el cura, anoche sí lo vi, lo vi así y así, y en tal sitio me salió y en tal sitio se ocultó”. Les dije yo y estaba oyéndome el indio Joaquín Diablo, el Joaquín que todavía vive, sí, eso, Joaquín Pineda, él estaba oyendo en la casa, y entonces él se fue por la noche, trabajó ahí ese día, al otro día no vino a trabajar porque se fue y abrió un hoyo allá donde yo dije que había aparecido y donde se había escondido, y sabe qué, se sacó una moya, yo no sé qué… Y esos eran pelaos pero retepelaos, no tenían donde caerse muertos, sí o no, y se compraron como tres lotes y casas y fincas. Entonces yo digo una de las cosas: cuando aparecen esas cosas no es que sean espantos, cosas malas, sino que le quieren decir a uno tome, lleve su pedazo. Entonces yo siempre que paso por ahí digo: “Bueno, guaquero, ¿y mi parte qué?".

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Fuente documentada

Tipo
Trabajo de campo sin publicar

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Completo

Cómo citar esta ficha

Literatura Tradicional en Colombia. (2026). El cura (CLTC-0529-N). https://literaturatradicional.co/archivo/el-cura-cltc-0529-n