El cuñao maldeciro
Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.
Metadatos del corpus.
Relato clasificado como cuento, documentado en Guapi, Cauca en 2010.
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Texto de la pieza
Este era un hombre casado con su mujé, tuvieron viviendo, tuvieron viviendo, hasta que la mujé salió en embarazo. El marido comentó: ay mujé, quiero tener un niño. Ay, no marido, no quiero un niño, yo quiero niña. Se ponía a contemplarle la barriga a su señora y: ay Señor, mándanos un hijo varón, yo quiero un hijo varón. Y la mujé: mándanos una hija mujé. Tuvo la señora personalmente una niña. El hombre era vagabundo, de la calle y en la calle tenía dos hijos más. Le dijo la mujé: marido te voy a decir una cosa pero no te vas a enojar. Dígame no má. Como ya yo pedí mi hija mujé y mi Dios me la dio, traé un hijo de los varones que tenés allá, traé uno pa’ que estés aquí. Bueno, yo también voy a traer mi hijo.
En eso, la mamá de los dos muchachos tenía una perra llamada la Pailita que tuvo once perritos, le regaló uno a la mora (niña sin bautizar), al hijo y al que jue el mozo de ella. La mujé le ha regalao a todo mundo perros y a mí por qué no me ha regalao uno. ¡Ah no! Por eso no hay problema, si usted quiere su perrito, yo lo traigo.
Un día vino un joven, le dice al hermano: usted va a ser mi cuñao, porque yo me voy a casar con la niña. Nooo, no sé si ella lo querrá o no lo querrá. El tipo enamorao, llegaba por la noche, le echaba serenata, y le rasgaba leña al suegro, le hacía oficio a la suegra, pero ellos no se están dando cuenta qué pasaba. Porque él no le había dicho nada a la niña, sino que estaba enamorao.
Días van, días vienen, hasta que un día, le dijo: vea tía, me perdona pero estoy muy enamorao de su hija y quiero casarme con ella, no la quiero perjudicar, yo quiero casarme. No le puedo decir que sí, porque mi marido es el que manda en la casa, así que hable con él a ver qué le dice.
El hombre se jue, ese día buscó aguardiente, tabaco en bruto, le buscó su cachimba para que fumara y ahora sí se reunieron. Tío, yo quiero que usted me dé la muchacha pa’ casarme, porque la quiero y me gusta. Le contestó: amigo, cómo le parece, como uno tiene los hijos no es pa’ uno. Un hombre pa’ una mujé, una mujé pa’ un hombre, entonces hable con ella, si ella dice sí, yo también digo sí y mi mujé se debe de reír. Habló con la muchacha, le preguntó si se casaba con él, ella contestó sí, pero no salía de la casa de los padres. Él, no hay problema por eso.
El hombre había salido malo, malo, malo; mantenía a la muchacha hablándole, regañándola, quería pegarle y todo eso. El cuñao, que había llegado a la casa de la magrastra, decía: este tipo, ¿por qué es así? Si aquí está todo, le dan de comer, lo atendemos y este quiere pegarle a mi hermanita.
Le dijo: cuñao, vamos pa’ llá pa’ l monte que vamos a conversar. Se llevó el muchacho un hacha, empezaron. ¿Qué era lo que me iba a decir usted, cuñao? ¿Sabe qué? Con mi hermanita pórtese un poquito más decente, porque yo no soy comida, yo sí peleo. Usted me estropea a mi hermanita y yo peleo con usted y me doy a respetar, porque mi papá no sirve pa’ nada por lo viejo. Ya vos no tenés que ver, porque yo me casé con ella, peliá conmigo si querés. Yo estoy listo.
Había llevado cuatro tubitos de hilo de cosedera y un bejuco que se picaba, lavaba y se ponía a secar al sol y quedaba blanquito. Con ese hilo se cosía en el tiempo de antes, y empezaron a discutir, a discutir, y jue a labrar un canalete, así que se subió pa’ cortar el machare (árbol del bosque); él que le mete el hachazo al árbol pa’ bajar la rama, cuando cogió el cuñao, jaló una peinilla, dele y dele. Él había dejado los perros en la casa. Le dijo a su hermana, yo me voy a discutir con este tipo y voy a dejar los cuatro perros amarraos con un hilo, cuando estén ladrando es que estoy peliando. ¡Ah, bueno! No hay problema. Se puso la muchacha a cocinar la merienda y ellos discutiendo, los perros estaban tranquilos, cuando en eso el primer hachazo que le metió al machare, empezó a aullar el perro, y él tranquilo allá arriba, limpiando su rama pa’ sacar su canalete, cuando ya el palo empezó a traquear, entonces el muchacho que estaba montando arriba:
(Canto) Quebrantacielo, Congongoni, ya mi Tambora, vengan por mí…
Y empezaron esos perros, con esa bullaranga. La hermanita estaba raspando un coco, pero ella creía que ladraban porque querían coco y no era porque el hermano estaba por allá, no se acordaba lo que el hermano le había dicho; y el palo se iba a caer ya cuando otro al rato:
(Canto) Quebrantacielo, Congongoni, ya mi Tambora, vengan por mí…
Y dele el hombre al palo, quebró ese palo. Él cogió y tiró el segundo, el primer tubito se enredó, pasó al otro, y el hombre dele al palo, dele al palo, dele al palo, el palo era grueso y cuando veía que ya se movía el cogollo, otra vez:
(Canto) Quebrantacielo, Congongoni, ya mi Tambora, vengan por mí…
Y ahí mismo: verdad que mi hermanito me dijo así, pero sin embargo tal vez será por coco, qué quieren estos perros. Ese hilo queriéndose arrancar; y los perros no lo arrancaron, hasta que se completaron los cuatro tubitos, en el último vino la muchacha. El hermano otra vez:
(Canto) Quebrantacielo, Congongoni, ya mi Tambora, vengan por mí…
Pun se jueron, oigan. Por Dios, cuando venían sorbiendo el monte esos perros. ¡Ay, cuñao! Coja esos perros que yo lo quiero a usted mucho, hombre por Dios, qué es lo que le pasa. Y esos échale y venían bajando y venía bajando con su machete y su hacha en hombro. Ay cuñao, coja sus perros, cuñao coja sus perros por Dios. ¡Yo lo quiero mucho! Ay, coja mi machete, ay cuñao por Dios, ay no, no me vaya a hacer matar. Y llegaron esos perros. El uno le arrancaba el pantalón, el otro le arrancaba la camisa, el otro le tiraba el arañazo, hasta que por fin, cuando él vio que ya el tipo estaba vencido y chorriaba sangre les dijo: ¡Quietos! Y pararon. ¡Ay cuñao, ay cuñao, por Dios, usted no me quiere a mí, usted no quiere a su hermanita! ¿Por qué me tira esos perros? No, yo no le he tirado sino que yo a mis perros los tengo en la casa, porque cuando yo me bajo vienen a custodiarme, así es que yo… Sííí cuñao yo lo quiero mucho, bastante, ay cuñao, por Dios. Le dio el machete. Camine vámonos para la casa. Cuando llegaron le dice la mujé: ¿qué te pasó? Esos perros de mi cuñao me mordieron. Vos estabas por matar a mi hermanito, ¿no es cierto? Porque esos perros no pueden ver eso.
Yo la quiero a usted mujé, yo estoy es todo herido; ay, trate de curarme. El cuñao estaba tranquilo, le dijo: ustedes han estado peliando. No, yo no estaba peliando con él, sino que el trató de matarme porque todos los palos que yo subía, los iba tumbando, los tumbaba pa’ que yo me muriera. Váyase, yo a usted no lo quiero más, yo a una gente que va a matar mi familia, ay no, yo no lo quiero. Se va, se va. Le dijo la mamá: ay mijita, vos sos casada, vos no podés decirle así a él. Sí, él se va, que se vaya. Yo no lo quiero má, que se vaya, que no lo quiero má, no lo quiero ni ver. ¡Ay mujé! No me desprecies así, que yo te quise bastante y te hice feliz. Ay mujé, no me botés. Se va, se va y se va, porque no lo quiero má. Así que la mamá le dijo: bueno, si no lo querés má, yo no te voy a obligar, vos verás que se vaya pa’ siempre. Sea mentira, sea verdad, que se abra la tierra y se vuelva a cerrar.
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Fuente documentada
- Tipo
- Libro
- Autor
- Revelo Hurtado, Baudilio
- Título
- Cuentos para dormir a Isabela. Tradición oral afropacífica colombiana
- Año
- 2010
Control documental
- Metadatos
- Completo
- Revisión pendiente
- Fuente bibliográfica: sin coincidencia
Cómo citar esta ficha
Literatura Tradicional en Colombia. (2026). El cuñao maldeciro (CLTC-0557-N). https://literaturatradicional.co/archivo/el-cunao-maldeciro-cltc-0557-n