El ahijaro de la muerte
Relato clasificado como cuento, documentado en La Tola, Nariño en 2010.
Metadatos del corpus.
Relato clasificado como cuento, documentado en La Tola, Nariño en 2010.
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Texto de la pieza
Un hombre casado con su mujé, tuvieron viviendo, tuvieron viviendo. La señora no había tenido ni un solo hijo en la vida. Un buen día salió en embarazo, tuvo el niño, lo chumbó (le puso la faja), lo estaban adorando y besando. El marido dijo: mujé yo quisiera que mijo no se me muriera nunca, yo me he puesto a pensar pa’ que mi hijo no se muera, démoselo a cargar a la muerte. Ahí mismo se jue. ¡Servelina! —así se llamaba la muerte—, quiero que cargue mi hijo, me lo bautice pa’ que seamos compadres. Bueno, no tiene importancia, yo lo cargo. ¡Usted me dice cuándo!
Llegó el día, se fueron a la iglesia y le pusieron Berruguete. Hicieron la fiesta, bailaron y gozaron. Magrina: ¿usted, qué me va a dar? Yo no tengo nara que brindarle, lo único es que el señor Jesucristo me ha dado la piedra de no morir y la piedra de morir; le voy a dar la piedra de morir y de no morir, cuando caiga un enfermo, usted se enriquezca, va y lo medecina (receta) y coge esa plata. Cuando vea que yo esté en la cabecera puede hacer eso, y si estoy en los pie no lo haga, porque el señor me ha mandado que lleve esa alma. Bueno, magrina. ¡No vaya a hacer tal, ahijaro, de no cumplirme! Sí magrina.
Lo pusieron a estudiar, el muchacho estudió hasta que aprendió a leer, pero guardando el secreto porque no le había dicho al papá ni a la mamá. Verdad que mi magrina me dio estas piedras, cogió un vaso de cristal, las metió y puso un letrero en la puerta de la casa: «Curandero».
Un día, pun, pun, pun, ¿aquí vive el médico Berruguete? Sí, yo soy. El rey de esta ciurá está grave de muerte, ya pa’ rrancar el alma, que vaya a verlo. La mamá le dijo: ¿vos por qué decís que sos curandero? ¡Te van a matar! ¡A mí no me mata nadie! Cogió su vaso de agua, se fue, entró en la pieza: me dejan solo con el enfermo. Sí señor. Todo el mundo salió, puso su vaso de agua sobre la mesa, lo metió y todo eso, casi no tenía fuerza porque ya se iba. Dijo: ¿puede parar la cabeza? No le contestó. Le paró la cabeza, cogió el vaso y tus, tus, tus, tus cuando para. ¿Puede sentarse? Sí señor. Se sentó. Ya cogió su vaso ruan, al bolsillo y su plata ruan, a la relojera y vengan a ver el enfermo que ya lo impulcié (sané). ¡Ay! Este curandero lo mandó Jesucristo del cielo.
A los cinco meses dice Dios: señora Servelina, vaya tráigame a tal alma, que va a caer mal de muerte, y a ése yo lo necesito. Me lo trae porque si no me lo trae, usted me la paga. Sí señor Jesucristo. Se fue. Cuando alguien dijo: vayan a traer al curandero Berruguete que ese sí. Llegó allá, no le dio ni agua porque le había dicho la magrina que se lo tenía que llevar. Así que se murió, dijeron cuando el curandero Berruguete no pudo, y así se fue. Había personas que estaban ya pa’ rrancar el alma y volvían porque él llegaba, y les daba su agüita.
Tenían como año y pico de que no le llegaba un alma al cielo. El Señor dice: Servelina, ¿qué es lo que pasa que usted no me trae a nadie aquí? Yo necesito varias personas que vengan a darme cuenta y usted no me los ha traído. Sí Señor, mañana le traigo uno o dos. Y llega: ahijado, hágalo de por Dios, que el Señor me está atropellando, deme las piedras o póngala así, así, y así. Bueno magrina. Cuando se va la magrina. Dice Berruguete: mi magrina que busque su puesto, que yo no le voy a hacer caso a ella.
Dice la muerte a Berruguete: yo lo he querido y usted es mi ahijaro y yo lo quiero al alma, pero usted a mí no me ha querido porque usted no ha hecho esto, esto, esto que yo le dije. Yo se lo advertí. Sí magrina. Y, ¿po’ qué no lo ha hecho? Mañana ya me pongo de acuerdo con lo que usted me diga. Toda esa noche tomó, se emborrachó, bailó. Al otro día por la mañana, cuando llegó la muerte dijo: comadre. Señora. ¿Mi ahijaro? Está dormido. ¡Ay!, háblemele hombre, yo quiero hablar con él. Pero no le está diciendo a la mamá ni al papá qué pasaba. Berruguete, Berruguete tu magrina. ¡Ay! Mi magrina que no moleste. ¡Que mi magrina ya me está cansando demasiado! ¡Aaay! Que estoy dormido, dígale que venga más luego. El ahijaro está dormido que venga más tarde.
Comadre, yo le voy a tener que decir qué es lo que pasa. Vea comadre, yo he hecho con mi ahijaro esto, y esto y esto y esto y no me ha cumplido y el Señor me tiene a mí atropellada. Así es que yo voy a tener que pasar por la pena, pero lo voy a tener que matar. ¡Aaay Berruguete! Tu magrina me ha dicho que te va a matar por esto, por esto, por esto. ¿Y mi magrina con qué me mata? Cuando yo tengo las piedras aquí, ve, ¿con qué me mata? Que busque su puesto. ¡Ay! Berruguete vos sos… le decía la mamá. El papá no estaba oyendo. Por la noche se acostaron. Dice la mujer al marido: ¿vos querés saber qué es lo que tiene Berruguete? Tiene un compromiso con mi comadre Servelina y no le está cumpliendo. Y el Señor la tiene atropellada, mañana lo regaña.
Llegó al otro día. ¿Qué es lo que te pasa Berruguete? Tu magrina hizo eso porque te quería, ¿no cierto? No tenía plata que darte pero te dio las piedras. Ya se había enriquecido el tipo. Una noche estaba bailando en una cantina el muy, muy y llegó por la tarde la muerte. Buenas tardes comadre. Buenas tardes comadre. ¿Mi ahijaro? Su ahijaro aquí está. Ahijaro, venga que compromiso tenemos. No, no, no me moleste, no me moleste magrina, yo la respeto. ¡Pero no me moleste! Vengo a las seis de la tarde. A las seis de la tarde jue, pau la cogió. Usted me está molestando ya mucho magrina, yo no la estoy irrespetando pero venga pa’ cá. Cogió, la amarró, la metió al gallinero y la tapó.
El Señor espera la muerte, pero Servelina no aparece. Y ¿adónde pa’ aparecer? Al otro día amaneció la magrina todita encolcho (embadurnada) de sucio (excremento). Berruguete, ve, sacame de acá. ¡A usted nadita le está pasando! Cuando la mamá oyó, dijo: ¿quién es que habla? Tenía a la magrina bien encolcho de sucio de gallina. La comadre la lavó, bien lavada, la jabonó y la secó. Le dijo: comadre, no lo vaya a matar, yo le cubro los claros a mi hijo. Pero qué claro le cubría, y no le estaba dando la piedra, así es que al otro día por la noche estaba él bailando con una muchacha muy sabrosa. La muerte se convirtió en muchacha, una señorita bailando y llegó bien vestida con buenos tacos y emperfumada. Como él ya tenía plata y estaba soberbio, le dijo: sííí, siéntese aquí conmigo. ¿Qué va a tomar? Una botella de güisqui. Ahí mismo paas, se la pasó. La descorchó y empezó a tomar y se fueron a bailá y bailaba.
Le bailaba a las dos mil maravillas, lo que ninguna mujer le daba esos pases. ¡Señor mío Jesucristo! Y cuando dieron la vuelta, pau lo cogió y por acá atrás le dijo: ¡Yo soy su magrina! Alcanzó a oír y murió. El papá y la mamá lo fueron a alzar y le dijeron: Berruguete, ¿por qué estás ahí? Por tu mala suerte, le contestó el marido. Acabando, acabando, se acabó mi cuento, si es mentira o es verdad que se abra la tierra y se vuelva a cerrar.
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Fuente documentada
- Tipo
- Libro
- Autor
- Revelo Hurtado, Baudilio
- Título
- Cuentos para dormir a Isabela. Tradición oral afropacífica colombiana
- Año
- 2010
Control documental
- Metadatos
- Completo
- Revisión pendiente
- Fuente bibliográfica: sin coincidencia
Cómo citar esta ficha
Literatura Tradicional en Colombia. (2026). El ahijaro de la muerte (CLTC-0561-N). https://literaturatradicional.co/archivo/el-ahijaro-de-la-muerte-cltc-0561-n