Un día se fue Conejo a pasear y se encontró con Tigre. Para evitar desaguisados y pataletas invitó a su tío a que lo acompañara por el campo. Al subir una falda, Conejo vio unas moras en la copa de un guayacán frondoso, y se dispuso a cogerlas, alegando que eran muy sabrosas y buen alimento. Al subir tomó una piedra grandísima, por lo que Tigre le dijo:

-¿Y qué va a hacer esa piedra allá arriba?

-Pues a desprender las moras, porque están muy pegadas a la rama.

Cuando estuvo bien arriba, insinuó:

-Ahora, tío, abra la boca y cierre los ojos. Las moras se comen con los ojos cerrados para que sepan más sabrosas.

Al ver las muelas del tío, Conejo largó la piedra que llevaba. Se le volvieron astillas las quijadas, dejándolo medio muerto.

Mientras Tigre se revolcaba, Conejo siguió su camino, cantando:

-El que agravia escribe en l’agua, y el agraviado en l’arena, cuando el que agravia se olvida, el agraviado, se acuerda…

 

Código: CLTC 391N

Año de recolección: 1955

Departamento: Chocó

Municipio:

Tipo de obra narrativa: Cuento

Informante: 

Edad informante:

Recolector: Rogerio Velásquez M.

Fuente: Artículo de revista

Título de la publicación: Cuentos de la raza negra

Año de publicación: 1959

 

 

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